Imprescindible, así de sencillo, imprescindible, por el simple echo que desde que la vi, la tengo siempre en cuenta, porque me parece una película con tantísima personalidad que desde el primer dia, sin que el tiempo tenga que pasar por ella, tiene alma de grande, un clasico desde su estreno.

Se presentó en Cannes en el 2000, se presentó sin terminar, sin título, con banda sonora aún sin definir, y un montaje provisional, y aún así fue ovacionada y premiada en algunas categorias como director artístico, director de fotografia, y mejor actor, por poner ejemplos.

La historia de dos personas que se conocen casualmente al trasladarse ambas a vivir a un piso comunal, y que luego descubren que sus respectivas parejas los han dejado solos. A partir de ahí comienza la historia de Chau y Li-chun, y el torbellino en el que se ven inmersos, hasta el punto de no saber donde va a terminar su personal historia de samurais. Desamparados por sus parejas, se ven bailando en esas calles de muros rotos, poca luz, y curiosos colores y sombras, encontrandose en los pasillos y haciendo el papel de simples vecinos, sus parejas no interesan, el propio Kar-Wai no les da el más mínimo interes, y la historia pertenece únicamente a ellos.

La estética es alucinante, tanto colores, como fotografía, y atmosfera, perfectamente conseguidos, esos interiores algo asfixiantes que ya forman parte de su cine, hasta el más mínimo detalle esta pensado. Los vestidos de ella, que forman parte de su personalidad, y las corbatas de él. La lluvia, más importante de lo que parece a primera vista.

La soledad es un personaje más en la historia, largos momentos solos, sentados en la cama, fumando, incluso cuando están juntos parecen solos, sin hablar, sin mirarse, planos fijos, en momentos en los que no ocurre nada, pero en los que se entiende perfectamente lo que piensan. Los personajes de Kar-Wai son solitarios, tremendamente solitarios, y en In the mood for love no lo son menos, incluso cuando están en habitaciones repletas de vecinos, los personajes parecen estar en otro lugar. Las geniales interpretaciones de Maggie Cheung y Tony Leung dan credibilidad a que toda la historia sea como es.

La música, ese factor tan importante en "Deseando amar", porque no es un apoyo, es un pilar importantísimo, no acompaña las escenas, sino que dan sentido a más de una. Desde su tema central "Yumeji's Theme", que aparece y desaparece sin siquiera darnos cuenta, hasta los fantasticamente escojidos boleros de Nat King Cole, "Aquellos Ojos Verdes", "Quizás, Quizás, Quizás", y "Te Quiero Dijste", son parte de una banda sonora en la que ningún tema es gratuito.

Su supuesta continuación, al menos temática e historica en "2046", es otra maravilla que hay que ver, otro paso adelante en la poética cinematográfica de este hombre, dueño absoluto de sus proyectos.